Blog creado para único uso de los alumnos del grupo 1° 'B' y la profesora de español; Xanath Tinoco Zozaya.
Mostrando entradas con la etiqueta David Espejo Espinosa. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David Espejo Espinosa. Mostrar todas las entradas
martes, 13 de septiembre de 2011
MITO: EL KRAKEN
El Kraken es una criatura marina de la mitología escandinava y finlandesa descrita comúnmente como un tipo de pulpo o calamar gigante que, emergiendo de las profundidades, atacaba barcos y devoraba a los marinos. La leyenda puede realmente haberse originado de avistamientos de calamares gigantes reales que tendrían estimadamente de 13 a 15 metros de largo, incluyendo los tentáculos.
MITO: Perseo
Perseo era hijo de una mujer mortal, Dánae, y del gran dios Zeus, el rey de cielo. El padre de Dánae, el rey Acrisio, había sabido por un oráculo que algún día su nieto lo mataría y, aterrorizado, apresó a su hija y expulsó a todos sus pretendientes. Pero Zeus era un dios y quería a su hija Dánae. Entró en la prisión disfrazado de aguacero de lluvia de oro, y el resultado de su unión fue Perseo. Al descubrir Acrisio que, a pesar de sus precauciones, tenía un nieto, metió a Dánae y a su hijo en un arcón de madera y lo arrojó al mar, esperando que se ahogaran.
Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.
Pero Zeus envió vientos suaves para que empujaran a madre e hijo a través del mar hasta la orilla. El arcón llegó a tierra en una isla donde lo encontró un pescador. El rey que gobernaba en la isla recibió a Dánae y a Perseo y les ofreció refugio. Perseo creció allí fuerte y valiente, y cuando su madre se sintió incómoda por las insinuaciones que no deseaba del rey, el joven aceptó el desafío que lanzó este molesto pretendiente. El desafío consistía en traerle la cabeza de la Medusa Gorgona.
Perseo no aceptó esta peligrosa misión porque deseara adquirir gloria personal, sino porque amaba a su madre y estaba dispuesto a arriesgar su vida para protegerla
LEYENDA: La virgen de la soledad
En el año de 1675, existía un añoso cedro cerca de la cárcel publica. Al ser derribado, el tronco del árbol fue trasladado a la iglesia de la Villa, con el objeto de tallar unas imágenes de santos.
De esta manera, pronto llegaron unos artesanos de Guatemala, según cuenta la tradición, quienes solicitaron al sacerdote D. Juan Ortega de la Pava, se les comisionara el trabajo para tallar las figuras.
En efecto, fueron contratados, solicitando los artesanos, que no fueran molestados en su trabajo por ninguna causa. Se les entrego un adelanto monetario y se encerraron en su trabajo.
Luego de unos días y temiendo que los artesanos se hubiesen escapado con el dinero, el sacerdote ordeno entrar al cuarto donde se realizaba el trabajo, siendo su sorpresa que los alimentos que se les habían pasado a los artistas, se encontraban intactos, así como el dinero que como anticipo se les había entregado. Pero mayor fue su sorpresa al notar unas mantas que cubrían unos bultos, al quitar estas, descubrieron las imágenes de San José, El Corazón de Jesús, así como la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.
El padre Valerio, cronista de la época nos señala que:
..."dicen que los artífices consumada ya su obra, sin esperar la remuneración de su trabajo, se desaparecieron de la villa llenando su intempestiva fuga de admiraciones a la villa"...
Efectivamente el tiempo se encargo de atribuir a las manos de los propios ángeles enviados del cielo la creación de la Virgen de la Soledad.
Mucho se ha hablado de los milagros que han realizado gracias a la intervención de esta imagen de la Virgen.
Durante la Guerra de Independencia, se dice que fue ella quien durante la noche apago una vela que estaba encendida en un barril de pólvora, que por descuido y en estado de ebriedad, un oficial insurgente, la había dejado, sin medir las posibles consecuencias. Se dice que la Virgen se presento ante el resguardo y le solicito permiso para hablar con el oficial dormido, aludiendo que ella era la madre. En tanto esto sucedía, el oficial dormido soñaba con lo descrito. Fue tanta su admiración al enterarse que era cierto lo que había soñado.
De esta manera, pronto llegaron unos artesanos de Guatemala, según cuenta la tradición, quienes solicitaron al sacerdote D. Juan Ortega de la Pava, se les comisionara el trabajo para tallar las figuras.
En efecto, fueron contratados, solicitando los artesanos, que no fueran molestados en su trabajo por ninguna causa. Se les entrego un adelanto monetario y se encerraron en su trabajo.
Luego de unos días y temiendo que los artesanos se hubiesen escapado con el dinero, el sacerdote ordeno entrar al cuarto donde se realizaba el trabajo, siendo su sorpresa que los alimentos que se les habían pasado a los artistas, se encontraban intactos, así como el dinero que como anticipo se les había entregado. Pero mayor fue su sorpresa al notar unas mantas que cubrían unos bultos, al quitar estas, descubrieron las imágenes de San José, El Corazón de Jesús, así como la imagen de Nuestra Señora de la Soledad.
El padre Valerio, cronista de la época nos señala que:
..."dicen que los artífices consumada ya su obra, sin esperar la remuneración de su trabajo, se desaparecieron de la villa llenando su intempestiva fuga de admiraciones a la villa"...
Efectivamente el tiempo se encargo de atribuir a las manos de los propios ángeles enviados del cielo la creación de la Virgen de la Soledad.
Mucho se ha hablado de los milagros que han realizado gracias a la intervención de esta imagen de la Virgen.
Durante la Guerra de Independencia, se dice que fue ella quien durante la noche apago una vela que estaba encendida en un barril de pólvora, que por descuido y en estado de ebriedad, un oficial insurgente, la había dejado, sin medir las posibles consecuencias. Se dice que la Virgen se presento ante el resguardo y le solicito permiso para hablar con el oficial dormido, aludiendo que ella era la madre. En tanto esto sucedía, el oficial dormido soñaba con lo descrito. Fue tanta su admiración al enterarse que era cierto lo que había soñado.
LEYENDA: El Jinete Sin Cabeza
Un señor ya viejo que se llamaba Carmelo tenía una parcela en el Valle de Mexicali, donde sembraba, según la temporada, algodón o trigo; la cuidaba mucho y tenía la costumbre de regarla en la madrugada, porque a esa hora las matas aprovechaban más el agua. Un día como a eso de las cuatro de la mañana, escuchó muy cerca el trote de un caballo. Se le hizo extraño que alguien anduviera por ahí pero, con todo y eso, dijo con amabilidad:
—¡Buenos días!
| muy temprano el señor salió acompañado del Canelo y cuando subió a su troca se dio cuenta de que había olvidado su lonche. Al regresar a su casa, un caballo desbocado que corría sin freno hizo que se detuviera en seco, pues el animal andaba sin tocar el piso y se dirigía justo hacia él; casi lo tenía encima ¡cuando desapareció! El señor tragó saliva y no se movió durante un buen rato. Todavía tembloroso, entró a su casa, donde se quedó dormido; a mediodía su señora lo despertó: —Carmelo, levántate a comer, ¿qué tienes? Estás pálido. —Es que me pasó una cosa bien fea y ya no pude ir a la parcela —dijo el señor y le contó lo del caballo aparecido. Al escuchar a su marido, la señora se persignó porque le dio mucho miedo y al ver que Carmelo se dirigía hacia afuera le dijo: —¡No vayas a la milpa, te puede suceder algo malo! El señor no le hizo caso; se subió a la troca y se fue. Al llegar, dio unos pasos y se paró bajo un árbol frondoso. Subían a lo lejos los últimos rayos del sol, cuando a su espalda escuchó las pisadas de un animal que se acercaba. Al voltear, descubrió a un enorme caballo blanco frente a él; lo montaba un jinete vestido de charro, quien dejó al viejo quieto del miedo, pues su cuerpo terminaba en los hombros: ¡no tenía cabeza! —¿Quién eres? —preguntó armándose de valor— ¿para qué me quieres? |
| No hubo respuesta. Carmelo empezó a sudar, quería moverse y no podía; ver al jinete sin cabeza lo había paralizado. Entre las ramas del árbol sólo se oía el sonido del viento. En eso, se escuchó una voz que venía de quién sabe dónde, parecía que salía de la tierra porque era hueca y tenebrosa: —Soy Joaquín Murrieta, de seguro has oído hablar de mí; vengo a confiarte un secreto. —¿Qué es lo que quieres? —dijo el señor en voz alta. —Escucha con atención lo que voy a decirte: en esta parcela enterré un magnífico tesoro y quiero dártelo pero con una condición. —¿Cuál? —preguntó Carmelo. —Sólo tú puedes desenterrarlo. Nadie, absolutamente nadie más debe hacerlo, porque aquel que lo haga caerá muerto como lluvia del cielo y tú junto con él. La voz se fue apagando; en un abrir y cerrar de ojos el descabezado desapareció con todo y caballo. El señor se quedó sorprendido, después de un rato se subió a su troca y se dirigió al pueblo. Cuando llegó, era tanta su emoción que a todos los que veía les platicaba su aventura y su buena suerte. Reunió las herramientas que necesitaba y regresó a la parcela, pero no volvió solo, lo acompañaba un grupo de hombres. A Carmelo no le importó que destruyeran su sembradío, ya que por todos lados hacían hoyos con picos y palas; al cabo de unas horas, uno de ellos gritó que había dado con algo. Se fueron a ese lado del terreno y escarbaron con los rostros llenos de felicidad. Encontraron costales hartos de monedas, cadenas, anillos y otros objetos de oro y plata. Brincaban y gritaban haciendo bulla, pero eso no duró mucho: un jinete sin cabeza en un gran caballo blanco apareció entre ellos. Carmelo se acordó entonces de la advertencia de Joaquín Murrieta; sin embargo, era demasiado tarde. El jinete sin cabeza dio una orden a su caballo, éste pateó la tierra y el tesoro empezó a hundirse jalando a todos los que estaban ahí entre gritos de espanto y desesperación. Carmelo suplicó que no lo hiciera, que lo castigara a él y no a aquellos inocentes, pero fue inútil: en unos segundos no quedaba nadie, sólo Carmelo y el jinete, que desapareció sin decir nada. Carmelo regresó a su casa, no dijo nada a su esposa, se sentó en la entrada y no se movió más. Pasaron los días, el viejo no volvió a comer y se fue secando, secando hasta que se murió. Nadie más supo de lo ocurrido. Se dice que Joaquín Murrieta sigue cabalgando por aquellas tierras buscando a quién darle su tesoro. |
Suscribirse a:
Entradas (Atom)